ProtonMail sale a dar batalla por la
privacidad
Una vez más la tecnología concede al ciudadano de a pie un
poder que antes sólo poseían las grandes empresas y los gobiernos; en no pocos
casos, sólo los gobiernos. Es un cambio de paradigma, una vuelta de página que
las clases políticas de todos los países se resisten a admitir. Como resultado,
transforman toda la cuestión en que "la vigilancia digital masiva ayuda a
prevenir el crimen y que el cifrado ayuda a los malvivientes". La lógica
de este planteo está tan viciada que casi no vale la pena analizarla, pero unas
líneas servirán a quienes sólo ahora se enfrentan con el dilema de elegir entre
seguridad y privacidad.
Los Estados democráticos tienen la obligación de garantizar
la seguridad sin violar los derechos de las personas. Ese es el desafío. Esa es
su responsabilidad. Esa es la parte complicada de ser político y funcionario
público. Tratarnos a todos como si fuéramos delincuentes, aunque sirviera para
algo, es completamente inaceptable. Dicho simple, reclamamos nuestro derecho a
ser decentes. Repito: cuando hablamos de privacidad reclamamos nuestro derecho
a ser decente.
No hay comentarios:
Publicar un comentario