domingo, 20 de marzo de 2016

ProtonMail sale a dar batalla por la privacidad



Una vez más la tecnología concede al ciudadano de a pie un poder que antes sólo poseían las grandes empresas y los gobiernos; en no pocos casos, sólo los gobiernos. Es un cambio de paradigma, una vuelta de página que las clases políticas de todos los países se resisten a admitir. Como resultado, transforman toda la cuestión en que "la vigilancia digital masiva ayuda a prevenir el crimen y que el cifrado ayuda a los malvivientes". La lógica de este planteo está tan viciada que casi no vale la pena analizarla, pero unas líneas servirán a quienes sólo ahora se enfrentan con el dilema de elegir entre seguridad y privacidad.

Los Estados democráticos tienen la obligación de garantizar la seguridad sin violar los derechos de las personas. Ese es el desafío. Esa es su responsabilidad. Esa es la parte complicada de ser político y funcionario público. Tratarnos a todos como si fuéramos delincuentes, aunque sirviera para algo, es completamente inaceptable. Dicho simple, reclamamos nuestro derecho a ser decentes. Repito: cuando hablamos de privacidad reclamamos nuestro derecho a ser decente.

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